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192 países se reunieron
en Copenhague el 7 de diciembre de 2009 para
lograr un acuerdo que podría relevar el protocolo de Kyoto de 1997 que expira a
finales de 2012. Éste impone a 38 países industrializados (salvo los Estados
Unidos) limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y preve multas si
los estados no respetan sus compromisos.
¿Que hace la Unión Europea para luchar contra el cambio climático ?
La Unión Europea adoptó un conjunto de medidas que se destinan a combatir el
calentamiento climático en el marco de una política europea de la energía.
La Comunidad Europea firmó el protocolo de Kyoto en 1998 y se comprometió a
reducir en un 8% el nivel de las emisiones de gas de efecto invernadero con
relación a los niveles de 1990, durante el período 2008-2012 (fecha en que
se termina el protocolo). El "Paquete Energía/Clima" adoptado por el
Consejo Europeo el 12 de diciembre de 2008 preve medidas concretas
para realizar el objetivo de "los tres 20” que se planteó la UE para 2020.
Se trata, en primer lugar, de la reducción de las emisiones de gas de efecto
invernadero en al menos un 20% con relación a 1990. Este objetivo completa
el régimen comunitario para el comercio de derechos de emisión de gases de
efecto invernadero establecido en enero de 2005 (el "derecho de
emisión" es el derecho a emitir una tonelada de dióxido de carbono o
de cualquier otro gas de efecto invernadero de efecto equivalente durante un
período especifico). Se concreta en medidas legislativas tales, por ejemplo, la
adopción de nuevos estandares para los nuevos vehiculos de
pasajeros (“coches verdes" más ecológicos), el aumento de la
utilización de energías renovables a fin que estas representen un
20% de la producción total de energía en la UE, la reducción del consumo de
energía en un 20% con relación al nivel previsto en 2020,
mediante la mejora de la eficencia energética (por ejemplo, legislación
comunitaria sobre los estándares para el ahorro energético que deberán culmplir
los edificios, o ampliación del ambito de aplicación del etiquetado sobre la
eficiencia energética para incluir nuevas categorías de productos).
Lo que estaba en juego en la Conferencia de Copenhague
En Copenhague, la meta era ampliar los esfuerzos emprendidos en el marco del
protocolo de Kyoto, para fomentar una economía basada en un desarollo
sostenible, que pueda crear empleos y actividad. Un acuerdo
era necesario en un contexto de urgencia ya que el desajuste
climático comienza a producir sus efectos de manera más rápida que lo que
se esperaba (1).
Poco antes de empezar la reunión de Copenhague, la comisión de
asuntos europeos del Senado francés celebró una reunión para analizar los
retos de la Conferencia (2). Éstos podían resumirse de esta forma: “Es
necesario aprovechar la crisis actual para pasar a una economía duradera
con escasas emisiones de dióxido de carbono... Esta transición es tanto más
necesaria cuanto que el desajuste climático ya empezó a producir sus
efectos. Por consiguiente, es necesario defender un acuerdo ambicioso
que conste no sólo de objetivos de reducción de las emisiones de gas
de efecto invernadero...y de compromisos financieros en favor de los países en
desarollo, sino también de un sistema de sanción para los países que no
respetarían sus compromisos” (intervención de Jean-Paul Emorine).
La postura de la Unión Europea
Con objeto de la
Conferencia de Copenhague, el Consejo Europeo de 29 y 30 de octubre de 2009
había adoptado una posición común de la Unión Europea que constituía el mandato
sobre la base del cual ésta participaba en las negociaciones (3). Los puntos
claves eran un objetivo de aumento de la temperatura de como maximo 2°C
y reducciones de las emisiones de gas de efecto invernadero en todo
el planeta de un 50% como mínimo en comparación con los niveles de 1990 (y
reducciones agregadas de las emisiones de un 80-95% en los países
desarrollados de aquí al año 2050), así como la atribución de una ayuda
financiera a los países en desarrollo para luchar contra el cambio climático
gracias a una financiación internacional.
La Unión Europea se
comprometía a hacer un esfuerzo suplementario aumentando a un 30% la
reducción de las emisiones para 2020 en comparación con los niveles
de 1990, con la condición de que se logre un acuerdo mundial y general para el
periodo posterior a 2012 en Copenhague, lo que suponía que otros países
desarrollados se comprometan a llevar a cabo reducciones de emisiones
comparables y que los países en desarrollo "contribuyan adecuadamente de
acuerdo con sus responsabilidades y capacidades".
En cuanto a la
ayuda a estos últimos, los 27 consideraban que el nivel de la ayuda
pública internacional debía situarse entre 22 000 y 50 mil
millones de euros al año de aquí al 2020 y entre 5 y 7 mil millones de euros
anuales durante los tres años siguientes al logro de un acuerdo en Copenhague. Pero en esta fase, los
estados miembros se habían negado en fijar la contribución anual de
la UE, y habían preferido esperar las negociaciones de Copenhague, una
reserva criticada por las ONG de defensa del medio ambiente que
pedían una postura más audaz de la UE. El 11 de diciembre, la UE y los
estados miembros presentarón, pués, una propuesta más precisa declarándose
dispuestos “a contribuir con una financiación inmediata de
2 400 millones de euros anuales para los años 2010 a 2012” (4). Gracias a ese compromiso
que representaba un 30% de la financiación mundial considerada como
necesaria por la Comisión europea, los europeos pensaban incitar los
otros países desarrollados a fijar su propria contribución.
Sigue
1 – Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático
(PICC) : Informe sobre el
cambio climático, 2007 (en inglés)
3 - Consejo Europeo de
Bruselas, 29 y 30 de octubre de 2009, Conclusiones de la
Presidencia
4 - Consejo Europeo de
Bruselas, 10 y 11 de diciembre de 2009, Conclusiones de la Presidencia
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