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Al contrario de lo que pretenden
hacernos creer algunos euroescepticos, el Parlamento Europeo no es una institución sin poder, cuyo
papel se limitaría al examen de textos técnicos e incomprensibles para el común de los mortales. A lo largo de una evolución histórica comenzada hace décadas, se ha convertido en un Parlamento de pleno ejercicio y cuyos votos influyen sobre la vida diaria de los ciudadanos de la Unión Europea.
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En el triángulo institucional que componen la Comisión
Europea, el Consejo de Ministros de la Unión Europea y el Parlamento Europeo,
este último es la institución más legítima con arreglo a los requisitos de la
democratia. En efecto, los ciudadanos de la Unión Europea eligen a los
diputados europeos por sufragio universal directo cada 5 años (articulo
190 del Tratado constitutivo de la Comunidad europea).
Ahora bien, las proximas elecciones no suscitan mucho
interés de los electores. Los abundantes sondeos anuncian una abstención importante en ciertos países miembros.
Para justificar ese desinterés, supuesto o real, se alega
a menudo que, de todas formas, el Parlamento no tiene de poder efectivo, que su
papel es limitado y su trabajo desconectado de las preocupaciones de los
ciudadanos europeos.
¡Grave equivocación!
El
Parlamento europeo tiene papel mayor y creciente. Es cuádruple: de control, presupuestario, legislativo, y de
ratificación (y revisión de los Tratados con arreglo al Tratado de Lisboa).
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El Parlamento Europeo ejerce el control político del ejecutivo comunitario.
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Para ejercer su competencia de control de las instituciones
y actividades de la Unión europea, el Parlamento europeo goza de
prerrogativas que suelen ser las de un Parlamento en una democracia : facultad de
formular preguntas escritas u orales a la Comisión o al Consejo, creación
de comisiones de investigación, debates (por ejemplo, es de destacar que al comienzo de su mandato, el Presidente en
ejercicio del Consejo europeo expone su programa al Parlamento, y al final le rinde cuentas de los
resultados).
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Efectúa un control más específico y estrecho sobre la
Comisión Europea. En particular, debe aceptar cada nuevo Colegio de
comisarios y tiene el poder de obligar la Comisión a demitir gracias a su poder
de censura. Esta requiere una votación por mayoría de los dos tercios de los
sufragios expresados y por mayoría de los miembros que componen la Asamblea. Si
los Estados miembros son competentes para designar el Presidente de la
Comisión, el Parlamento Europeo debe dar su aprobación antes de la designación
de los otros miembros del Colegio. El Tratado de Lisboa refuerza aún el vínculo
entre la Comisión y el Parlamento ya que precisa que el Presidente de
la Comisión deberá ser elegido teniendo en cuenta los resultados de las
elecciones europeas.
Otras modalidades del control son, por ejemplo, el
procedimiento que permite a los ciudadanos que se consideren víctimas de
una violación de sus derechos de dirigir directamente peticiones al
Parlamento. Tambien es necesario señalar el derecho de recurso del Parlamento
ante el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas si considera
que existe una violación de los Tratados por otra institución.
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Según las revisiones sucesivas de los Tratados europeos, los poderes presupuestarios y legislativos del Parlamento fueron
aumentado de manera importante.
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El Parlamento toma también parte en el proceso
de examen y de aprobación del presupuesto de la Unión Europea
y vigila la ejecución de los gastos. Cada año debe aprobar - o
no - la gestión del presupuesto por la Comisión durante el ejercicio
financiero anterior.
Tiene la última palabra para los gastos no obligatorios
(por ejemplo fondos estructurales) pero no para los gastos obligatorios (p.ej.:
gastos agrícolas). Los segundos representaron durante muchos años la mayor
parte los gastos del presupuesto europeo. La situación ha cambiado a medida que
el presupuesto de la PAC disminuía cuando el de la politica de
cohesión aumentaba en paralelo.
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El Tratado de Lisboa acaba esta evolución
hacia la conquista del poder presupuestario por el Parlamento suprimiendo la
distinción entre gastos obligatorios y gastos no obligatorios y haciendo
del Parlamento la autoridad presupestaria en lo que se refiere a los gastos.
El poder legislativo del Parlamento está en constante
desarrollo. En un número importante y creciente de ámbitos, el Parlamento
comparte el poder legislativo en pie de igualdad con el Consejo de Ministros de
la Unión en el procedimiento legislativo ordinario llamado “codecisión”. Tiene derecho de enmienda de las propuestas de textos legislativos
y puede tambien rechazarlas. En cambio, no tiene el poder de iniciativa
legislativa (puede pedir a la Comisión que presente propuestas de
legislación al Consejo, lo que significa que solo la Comisión
tiene el poder de iniciativa legislativa).
Por ultimo, la conclusión de algunos Tratados requierre el
dictamen favorable del Parlamento Europeo (Tratados de adhesión,
de asociación, acuerdos con notables consecuencias presupuestarias
para la Comunidad…). Conforme con el Tratado de Lisboa, se convierte
además en un protagonista del procedimiento de revisión ordinaria del Tratado
(veanse "Posibilidades de evolución de
la UE en virtud del Tratado de
Lisboa", capitulo 10 del comentario del Tratado).
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